
Llevo suficientes llamadas encima para decirte que estas tres frases van a salir.
No a veces.
Siempre.
Y la mayoría de la gente las pierde no por no tener respuesta, sino por no haber hecho los deberes antes de descolgar.
Te lo explico al final.
Uno. ¿Y si el BOT le dice algo raro a un cliente mío?
Es el miedo real.
Que el bot se invente algo, que suene a robot, que le hable mal a alguien que lleva doce años yendo a esa clínica.
En fin, que puede pasar…
A ese prospecto, le respondes esto:
No se inventa nada.
Solo habla de lo que hemos escrito con vosotros y de vuestro propio historial de conversaciones.
Y lo que no sabe, no lo improvisa:
Dice que en un momento le contesta una persona, te avisa a ti y tú entras.
Y aquí es donde le enseñas la pantalla donde se pausa el bot en una conversación concreta y escribes tú, en otro color.
Eso no se explica. Se enseña.
Dos. Ya llevamos nosotros el WhatsApp, no nos hace falta.
Esta es la que más gente desarma, porque suena razonable.
Le respondes:
Sí, lo lleváis de nueve a seis.
Y punto. Ahí te callas.
Y luego le enseñas el mensaje que le mandaste tú a las once de la noche, dos días antes de la llamada, preguntando por una urgencia.
El que nadie contestó hasta la mañana siguiente.
Tres. Es muy caro.
Le respondes:
Más caro sale lo que estás perdiendo ahora mismo por no contestar a tiempo, que se lo está llevando el de al lado.
Y ya está.
No añadas nada. No justifiques el precio, no bajes, no expliques cuántas horas te lleva. Silencio.
Ahora la parte que nadie cuenta
Fíjate en que dos de las tres respuestas no son argumentos.
Son pruebas.
La pantalla del bot en pausa la tienes porque construiste una demo antes de la llamada.
El mensaje sin contestar de las once de la noche lo tienes porque se lo mandaste tú, a propósito, dos días antes.
Eso no es labia.
El que improvisa pierde con las tres.
El que llega con las capturas hechas, gana.
El problema viene después.
Porque no puedes preparar una objeción que no has oído nunca, y cada mes aparece alguna nueva.
Por eso leo lo que cuenta la gente al salir de sus llamadas. Te enseñan la objeción antes de que te la hagan a ti.
Si te interesa ver cómo lo hacemos, es por aquí
Y para cerrar, quédate con esto, que es lo único que importa de toda la llamada:
No estás vendiendo inteligencia artificial.
Estás vendiendo el resultado de que se cojan todas las llamadas que ahora mismo no se están cogiendo.
Cuando el cliente entiende eso, el precio deja de ser un tema.
Un abrazo,
Agustín
PD. El lunes te cuento por qué tener diez métodos abiertos a la vez es exactamente lo mismo que no tener ninguno. Y sí, uno de los que voy a criticar bastante.

Agustín Medina

