Año 2000.

Una oficina en Dallas, Texas.

Dos tipos entran a una reunión con los ejecutivos de Blockbuster.

Uno se llama Reed Hastings. El otro Marc Randolph.

Tienen una empresa pequeña que envía DVDs por correo. Se llama Netflix.

Llevan meses perdiendo dinero.

Están desesperados.

La propuesta es simple:

"Les vendemos Netflix por 50 millones de dólares. Ustedes manejan la parte online. Nosotros desaparecemos."

Los ejecutivos de Blockbuster los escuchan.

Y se ríen.

Literalmente.

Uno de ellos dijo después que tuvo que aguantarse la risa durante la presentación.

50 millones por una empresa que perdía dinero enviando DVDs.

Ridículo.

"No gracias."

Hastings y Randolph salen de la reunión.

Vuelven a California.

Y siguen construyendo.

Hoy Netflix vale más de 300 mil millones de dólares.

Blockbuster cerró en 2010.

Queda una sola tienda en el mundo. En Oregon. Es atracción turística.

¿Por qué te cuento esto?

Porque los de Blockbuster no eran tontos.

Eran los reyes del mercado.

9.000 tiendas en todo el mundo.

Millones de clientes.

El problema no fue que no vieran Netflix.

El problema fue que lo vieron demasiado pequeño.

Demasiado pronto.

"Eso no va a funcionar."

"Es una moda."

"Ya veremos en unos años."

En unos años ya era tarde.

Cada vez que escucho a alguien decir "lo de las agencias de IA ya veremos", me acuerdo de esa reunión en Dallas.

No porque crea que todos van a fracasar.

Sino porque sé cómo funciona esto.

Las ventanas se abren.

Y las ventanas se cierran.

Los que entran cuando está abierta, construyen.

Los que esperan "a ver qué pasa", miran desde fuera.

El arsenal sigue abierto.

Todo lo que necesitas para no empezar de cero.

La pregunta es si vas a entrar ahora o vas a esperar "a ver qué pasa".

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Un abrazo,

Agustín

PD: Los ejecutivos de Blockbuster no eran malas personas. Solo pensaron que tenían tiempo.

Que la oportunidad seguiría ahí. Que podían decidir después.

A veces "después" no llega.

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